
Aprende a decir que NO sin culpa: no es egoísmo, es poner orden en tu vida
¿Te cuesta decir “no” por miedo a decepcionar, discutir o parecer egoísta? Si es así, no estás sola. A muchas nos pasa: decimos que sí a todo, aunque por dentro estemos agotadas, frustradas o deseando desaparecer por un rato. Y claro, luego llega la culpa, el cansancio y esa sensación de estar siempre para las demás, pero nunca para ti.
La buena noticia es que ser asertiva se aprende. Y no, no tiene nada que ver con tener mal carácter ni con volverse fría o distante.
La asertividad es simplemente esto: decir las cosas claras, con respeto y sin perder la calma.
¿Por qué nos cuesta tanto decir que no?
No es casualidad. Crecimos escuchando que ser buena era complacer, callar o adaptarnos para no molestar. Que decir “no” era egoísta, y que una mujer amable debía estar siempre disponible.
Pero esa idea —tan bien aprendida— tiene un precio: tu energía, tu tiempo y, muchas veces, tu bienestar emocional.
Decir que sí cuando en realidad quieres decir no, es una forma de abandonarte un poco cada vez.
Y el problema no es el favor ni el plan: es lo que sientes después. Porque por dentro sabes que te estás traicionando.
La realidad es sencilla (aunque a veces duela):
👉 Nadie va a cuidar tu energía si tú no lo haces.
👉 No poner límites no te hace más buena. Te hace sentirte más cansada.
Cómo empezar a practicar la asertividad (sin sentirte culpable)
La próxima vez que te cueste negarte, prueba con frases sencillas y reales. No tienes que dar grandes explicaciones ni justificarte. Solo ser clara y amable:
- Te proponen un plan:
“Gracias por contar conmigo, pero este finde necesito descansar.” - Te piden un favor:
“Ojalá pudiera ayudarte, pero esta semana estoy hasta arriba.” - Te insisten:
“Te entiendo, pero ahora no puedo. Espero poder la próxima vez.”
¿Ves? No hay drama. No hay culpa. Solo claridad.
Y lo mejor: poco a poco, las personas empezarán a respetar tus tiempos… porque tú lo estás haciendo primero.
Pequeños trucos que ayudan
- Agradece primero. Suaviza el mensaje y baja la tensión.
- Evita justificarte de más. No tienes que convencer a nadie.
- Usa un tono calmado. La firmeza no está reñida con la amabilidad.
- Si quieres, ofrece alternativa. “Tal vez la próxima.”
Lo importante no es decirlo perfecto, sino decirlo con respeto hacia ti misma y hacia la otra persona.
Recuerda: poner límites no aleja a la gente correcta
Ser asertiva no te hace egoísta, te hace consciente. Te da espacio para descansar, para cuidarte y para estar presente en los lugares donde realmente quieres estar. Porque cuando dices “no” a lo que te drena, estás diciendo “sí” a ti, a tu energía, a tu paz.
Así que la próxima vez que sientas culpa por poner un límite, respira y repítelo: no estoy rechazando, estoy eligiendo paz.
Cuídate, respétate y date permiso para descansar.



